Camino de casa de Carmen para una de nuestras reuniones, hace ya casi dos meses Dani, que marchaba en el coche conmigo y que se había terminado el libro un día antes se prestó a discutir quien mandaba en la novela y llegamos a la misma conclusión: el destino.
Pasó el 2 de mayo madrileño y ahora serán otras ciudades y otros pueblos los que se lanzan a la fiebre conmemorativa. Apenas he participado en los actos del bicentenario y para mi desgracia y sorpresa visité la exposición del Canal que a parte de ser de pago resultaba bastante lamentable y patriotera, con videos que parecían hechos por los chicos de muchachada nuit para descojonarse de la ocasión. Que pena que no hayan anunciado con la misma fuerza la exposición, ya olvidada de le Biblioteca Nacional.
El caso es que El Afrancesado poco tiene que ver con el dos de mayo, algo que ver con la Guerra de Independencia y mucho que ver con creer o no en un destino que puede ser fatal e inamovible.
Estas semanas de silencio forzoso y meditado me devuelven una novela que también aparté de mi lado durante este tiempo y reclama mi atención, recordándome que no debo hacer como Francisco: vivir en un punto indefinido: creer que el destino es inamovible y que no importan los actos y las decisiones. Quiero esforzarme en pensar que somos lo que hacemos y que el destino no espera agazapado, que lo modelamos con deseos, proyectos e ilusiones. Yo hoy me subo a la espalda del Coloso y albergo el deseo, el proyecto y la ilusión de presentar el libro en Madrid y estar en la Feria del Libro y si no es así aparecerá otro deseo, otro proyecto y otra ilusión.
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