Entre los planes para este año se encuentra, en lugar destacado, el escuchar a los demás, a los que se dedican a esto:
Ayer fue mi segundo día en el Taller de iniciación al cuento de Fuentetaja, con Victor García Antón, y con solo dos clases me he dado cuenta de un problema de base que tengo: cojo buenas ideas, soy capaz de narrar con ritmo… pero doy por sentado los contextos, las escenas. Trabajaré este mes en es camino y si del taller consigo algo de pericia en ello habrá merecido la pena.
Leímos un relato precioso de apenas un párrafo, escrito por Ana María Matute, recogido en el libro “Los niños tontos”. “El hijo de la lavandera”, se llama y es un ejemplo de cómo decir todo con pocas palabras. Del taller salí con la siguiente duda: ¿Deben servir las palabras para contar la historia o, al revés, la historia es una excusa para dar vida a las palabras?
Desde luego que me haré con un ejemplar del libro.
1 Comentario(s)
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suena genial, espero que me pasen este relato que la clase me la perdí. A mi lo de los relatos me encanta y al leer los buenos sorprende como cada palabra construye la historia, cada palabra tiene tanto valor. Pero para mi todavía todo es misterio.
A ver si se nos desvelan más cosas en el curso.
Encantada de haberte conocido