El escritor nace o se hace

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ayer inicié la andadura de un nuevo proyecto. Lo hago acompañado de otros como yo y tutelado por Alfonso Fernández Burgos.

Primer día de taller que me ha dado para un par de reflexiones:

La primera es: ¿El escritor nace o se hace? Está claro que como todas las artes, la escritura hay que cultivarla: hay que escribir, leer, pensar y pasar de ser un observador compulsivo a ermitaño encerrado entre papeles. Se dijo ayer: “Si te pasas los próximos 40 años escribiendo todos los días posiblemente tengas 20.000 folios. Seguramente al menos un 10% (2000) sean francamente buenos derivados de la experiencia y el aprendizaje”. Estariamos conformes, entonces, con la idea de que el escritor se hace pero… ¿la inquietud que lleva a un individuo a dedicarse diariamente a la escritura durante 40 años también se hace?

La segunda reflexión que me ronda es acerca de la autoedición: es aceptado que el filtro de una editorial da marchamo de cierto interés a una obra y que autoeditarse una novela a día de hoy no es caro. Lo que no estoy conforme es en pensar que la autoedición es producto de la vanidad e ingeniudad del autor. En mi caso desde luego que no me he gastado una pasta en hacerlo, ni me ha movido la ingeniudad de pensar que me convertiría en un escritor afamado, ni caigo en la tentación de pensar que por haber publicado soy más o menos escritor. Además tampoco me envanezco por ver mi libro en una libreria. Se publicó porque era el único modo de que la gente me leyera y afortunadamente la gente lo está haciendo… con pereza pero acaban por leerla. Además con los exiguos beneficios que está dejando me pago formación y libros, seguro de que me queda un mundo por aprender.

“La Tierra Roja de Tara” recibe el pistoletazo de salida apoyada en mis vivencias, en las de la gente que me rodea, en las ganas de escribir una buena historia y en lecturas como “La esfinge maragata”  que me demuestra que “de aquellos barros estos lodos”

1 Comentario(s)

  1. Ánimo con el nuevo taller!!

    Yo echaré de menos subir la calle del club de strip-tease y llamar al portero… Y las cañas. Pero bueno, lamentablemente ya estoy soportando a los profesores de “Yale”.

    Un abrazo.


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