El poder de la Red

Teclear el nombre de la novela en google y que aparezcan entradas que conduzcan a ella es agradable. Entrar en el blog y ver que hoy se han paseado por el cerca de 30 veces es divertido. Saber que alguién lo último que hizo antes de apagar la luz de su habitación fue leer unas cuantas págínas compensa todos los esfuerzos realizados.

Volviendo a la Red. Adjunto links donde se hace referencia al trabajo que estamos realizando.

www.actualidadliteratura.com/2008/04/16/el-afrancesado-el-otro-lado-de-la-guerra-de-la-independencia/

http://www.quelibroleo.com/buscador-resultado.php

 

 Destaco la siguiente reseña que me he encontrado en el portal literario Actualidad Literaria gracias a las gestiones de nuestra jefa de prensa, Maria.

que se acerca el 2 de mayo, y después de haber comentado en este mismo blog el último libro de Arturo Pérez-Reverte, es momento de revivir esa fecha del levantamiento del pueblo de Madrid contra los franceses de una manera menos usual: desde la perspectiva de los que se sentían más cercanos a los postulados de Napoleón. Porque su protagonista, un joven militar llamado Francisco, tiene que elegir entre seguir sus ideales y la lealtad a su padre, partidario de la invasión francesa.

Y es que muchas veces estos retazos de intrahistoria nos muestran que la realidad es tozudamente mucho más compleja de lo que creemos.

Primera obra de su autor, Antonio Ruiz Pozuelo, que se ha esforzado en dos líneas básicas en esta novela: la documentación histórica y literaria (Mesonero Romanos, Pío Baroja, el propio Galdós…) y la adecuación del lenguaje de cada personaje. Todo esto, por supuesto, sin perder el ritmo del relato.

Y es, precisamente, la forma de hablar de los personajes la que mejor nos acerca a las circunstancias históricas noveladas: palabras que hoy no se usan, pero que crean una atmósfera perfecta de una España que comenzó su vertiginosa decadencia.

El afrancesado es una novela “cocinada a fuego lento”, con cariño; una excelente opción para que la conmemoración del bicentenario del Levantamiento del 2 de mayo sea más completa, es decir, más compleja. Un libro honesto con la época y con nosotros, los lectores.

Los componentes del Angel de Acuarela estamos trabajando en nuevas iniciativas y esperamos en breve poder presentaros el libro en Madrid y rodearnos de gente querida 

 

Cuestión de honestidad: esto no es un libro de encargo.

Han pasado días desde el último post. Días dedicados a patear librerías, a preparar la presentación del libro en Segovia en la que Carmen y Dani estuvieron sobresalientes y sobre todo de colocar libros a todo el que se deje. Algunos hemos colocado y otros tanto los he firmado. También hemos pasado ya las 1000 entradas en el blog, algo que os agradezco aunque al personal no le apetezca mucho dejar comentarios, e incluso hemos aparecido en prensa.

 

Lógicamente también llegan las primeras criticas: algunas buenas, otras no tanto. Pienso que hay que fijarse en ambas y sacar conclusiones de los dos tipos. Evitar pensar que uno es la hostia porque a este o aquel disfrutaron leyéndolo, ni caer en la tentación de sentirse una mierda porque otros creen que la novela no merece la pena. Confieso que en los últimos días he dado mas crédito a los que hubieran preferido no leerse el libro que a los que creo, que sinceramente, me han demostrado que les gustó y han entendido lo que he tratado de explicar.

 

En la web hay un espacio dedicado a críticas aún por inaugurar y me gustaría contar con las vuestras sean de un color y otro. Yo desde el blog no me voy a regodear en las buenas pero si voy a reflexionar sobre las negativas y me voy defender de ellas cuando crea que debo hacerlo. Empiezo ahora:

 

El jueves en la presentación y antes de ella se valoró negativamente el lenguaje y la retórica utilizada en la novela. Se referían a que estuviera escrita de un modo muy formal y en ocasiones muy cargado, denso. Se venía a decir que escribía como en el siglo XIX, algo que por cierto ya me gustaría saber hacer. Se me dijo que había utilizado un lenguaje trasnochado, superado.

 

Alguien con mejor criterio antes de criticar el modo, me preguntó la razón por la que había elegido ese modo de expresión y le conteste lo siguiente: ¿tiene sentido que individuos del siglo XIX se expresen como si estuvieran en un programa piloto de Gran Hermano? Además he querido hacer de la novela un homenaje a la literatura del XIX.

 

A mi juicio el mayor valor que tiene la novela es el tiempo que he dedicado a obsesionarme con la época, a leer a los individuos que vivieron en ella, a expresarme como lo harían ellos: con su retórica cargada, pesada. Y por lo que veo lo he conseguido. Pero además lograr que la novela tuviera ritmo, y lo tiene.

 

La novela tiene palabras no muy usadas hoy en día pero sí entonces ¿Qué debo hacer? ¿Hablar de lo que conocemos hoy? Creo que la literatura está, entre otras cosas, para enseñar nuevas ideas, otros tiempos, otras imágenes.

 

Carmen en la presentación resaltó la honestidad de libro y estoy de acuerdo con ella: es honesto porque lo he escrito a fuego lento, tratando de ser fiel a la gente de aquellos años y sobre todo seguro de que no quería tratar a mis lectores como idiotas, porque esto no es un libro de encargo.

Nosotros somos Nosotros

libro.jpglibro.jpgAyer, viernes a las 20:00 subí hasta la cuarta planta de Fnac Callao  y entre los libros de Historia, estaba el mío, el nuestro, en una mesa, rojo brillante y a disposición de quien lo quiera comprar. Yo, nosotros, al lado de gente más importante que Antonio Ruiz, con muchos más medios que nosotros. 

Ahora, en un autobús, camino de Segovia para cerrar los flecos de la presentación que realizaremos en el Bar Santana el jueves 10 de abril, esbozo estas líneas que publicaré el domingo en el Blog, sin creerme aún que hayamos sido capaces de hacerlo y pienso en el tiempo robado a mi familia y en la ayuda que me han prestado Cesar y Carmen. Me acuerdo también de lo pesado que he sido con mi hermano Emilio con los plazos, olvidándome que él estaba haciendo posible la edición. También en Ramón que se ha currado la web y que ha conseguido situar nuestro libro en un lugar privilegiado. De la gente de la oficina que tanto ha oído hablar del libro; de colegas como Dani y Julio. De Fernando que apareció una tarde de febrero en el Palacio Real con su cámara al hombro y en toda la gente que me ha preguntado por el libro.

 Me doy cuenta de que lo hemos conseguido y que a pesar de que hay cosas que yo podía haber hecho mejor, no tiene demasiada importancia porque nosotros no somos profesionales, nosotros solo somos nosotros. Muchas gracias a todos

CELEBRAR UN MOTÍN

Esta semana se celebra el bicentenario de Motín de Aránjuez, en el que podemos situar el prólogo a la Guerra de Independencia española, como hace Galdós en su episodio número 3 El 19 de marzo y el 2 de Mayo. El motín fue un golpe de estado en toda regla, pues a parte suponer la caída del todopoderoso Godoy, el Príncipe de Asturias obligó a su padre a entregarle la Corona, convirtiéndose en Fernando VII. Hoy en día nadie se atreve a poner en duda que el motín fue instigado por el círculo de Fernando que no dudó en pagar a individuos que azuzaran al pueblo en pro de sus intereses. De este modo la medianoche del 17 de marzo gente armada acudió al palacio de Godoy, al que no encontraron hasta dos días después escondido en una alfombra, arrasando con todas sus pertenencias para después gritar al balcón de Carlos IV que, consciente de cómo se las gasta el pueblo desatado, pues a su primo unos años antes le habían cortado la cabeza, decidió entregar la Corona. 

Galdós reflexionó sobre el motín en el episodio referido. “¿no es indecoroso, humillante, indigno que un Príncipe de Asturias arranque la corona de las sienes de su padre, amedrentándole con los ladridos de torpes lacayos, ignorantes patanes, bárbaros chisperos…? Se preguntaba uno de sus personajes. Y más grave, que imagen le quedó a Napoleón de la Monarquía Borbónica: “El pueblo vitoreaba al nuevo Rey. En su ignorancia y necedad, no se les alcanzaba que habían envilecido el Trono, haciendo creer a Napoleón que una nación donde príncipes y reyes jugaban la Corona a cara y cruz sobre la capa rota del populacho, no podía ser inexpugnable” Dice el bueno de Gabriel, protagonista de la primera serie.

 Es difícil no concederle la razón a Galdós en las dos reflexiones puesto que Napoleón tras conocer el indigno comportamiento de la familia real se decidió finalmente a convertir al aliado en sometido. Por tanto, si me permitís rizar el rizo, al conmemorar el Motín de Aranjuez, se conmemora, no solo la demostración de que el pueblo dirigido puede desposeer de su Corona a un rey, sino también la ignominia de aquella familia real y la decisión final de Napoleón de someter España.

BRONCA EN LA JUAN MARCH

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El profesor Manuel Moreno recoge sus cuartillas mientras recibe los aplausos de rigor de la mayor parte de la concurrencia que llena la sala de la Fundación Juan March. No soy demasiado fiable a la hora de contar gente pero a groso modo calculo que unos 300 oyentes. Ha terminado su conferencia deseando que la conmemoración del bicentenario de la Guerra de Independencia sirva para alejar el sambenito de traidores que llevan arrastrando los afrancesados camino de 200 años y se ha esforzado en el espacio de una hora en demostrar que aquellos que decidieron ir de la mano de José I eran tan españoles como los que ofrecieron su sangre por expulsar al ejército invasor.

 Los aplausos de rigor se apagan, no duraron más de 15 segundos aunque tampoco soy un hacha calculando el tiempo, y cuando el profesor de Sevilla termina de recoger las cuartillas una voz tan cascada como amenazadora se impone desde el patio de butacas y le acusa de manchar el nombre de los verdaderos patriotas. La concurrencia parece alinearse con el anciano que, aunque tampoco suelo estimar muy bien las edades, por su apariencia tal vez conozca los hechos de primera mano y el profesor se levanta, sin contestar, seguro de que nada más puede añadir. Lo que relato es cierto, ocurrió ayer en la tercera conferencia de las seis que componen el ciclo: La Guerra de la Independencia, La Construcción del Imaginario. La de ayer en concreto se titulaba José I y los afrancesados y en general a la gente no le gustó demasiado que se tratara de defender la actitud de los colaboracionistas frente a la de los que la Historia, escrita a medida de los dirigentes políticos desde el levantamiento del 2 de mayo hasta la actualidad, ha reconocido como verdaderos patriotas. Afortunadamente cada vez son más voces, desde que la elevara el profesor Artola con su ensayo Los Afrancesados en la década de los setenta, que en España se deciden acercarse a la Guerra de Independencia alejándose de la pasión, guiándose por el objetivismo que conduce a la razón. Aún así me temo que pasada la conmemoración los afrancesados seguirán con su sambenito de  traidores.

 Más información: http://www.march.es

A exposición por m2

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Apenas 300 metros separan dos de las magníficas exposiciones sobre la Guerra de Independencia que se sucederán en Madrid durante este año de conmemoración. Una en la Biblioteca Nacional, la otra en el Centro Cultural de la Villa, rebautizado justamente con el nombre de Teatro Fernán-Gómez. La primera en el Paseo de Recoletos, la segunda bajo los pies de Colón el Descubridor. Recién inauguradas, ambas se pueden visitar gratuitamente hasta el mes de mayo todos los días salvo los lunes.

Al estar tan cerca una de la otra es legitimo verse tentado a visitar las dos de corrido y aunque son complementarias, pues el material que muestran es diferente y casan perfectamente, lo desaconsejo de pleno ante el peligro de sufrir empacho histórico o indigestión patriótica.

Os hablo de la primera, la que visité con detalle y sobre la segunda ya os contaré la semana que viene. Está gestionada por el Ministerio de Cultura y recibe el título de Miradas sobre la Guerra de la Independencia. A través de grabados y manuscritos de la época, recorre los aspectos más importantes de la contienda y a sus personajes principales. Sigue una línea cronológica, partiendo del Motín de Aranjuez, pasando por el levantamiento, hechos relevantes como los sitios, las diferentes visiones políticas, la utilización de la sátira como arma de guerra, las consecuencias de la guerra y la vuelta de Fernando VII de la mano de la Inquisición y el absolutismo.

La joya principal de la muestra es la serie de grabados de Goya  bautizados como Los Desastres de la Guerra y tal vez lo más divertido sean las estampas satíricas, muchas de ellas inglesas que no desmerecen en absoluto las que puedan aparecer en los periódicos de la actualidad.

Aconsejo sinceramente acudir a la exposición al ser una clase de Historia bastante amena y porqué no decirlo, también una introducción ideal para situaros en mi novela.

 Más información: www.bne.es/index.htm

Orgullosos de una guerra

El coloso deja caer su mirada indiferente hacia el campo de batalla. Tantas veces ha observado la misma escena que avanza tranquilo, dejando su rastro de desolación y tragedia, seguro de que sus víctimas seguirán sin aprender la lección.

Entre 1808 y 1812 Goya pintó, a óleo, el lienzo El Coloso, en Madrid, ciudad que no abandonó a pesar del sucesivo cambio de propietarios durante los años que comprendieron la Guerra de la Independencia española. Con sus pinceles retrató al indolente Carlos IV, al sibilino Fernando VII, al valido Godoy, a José I que era Rey de España de las Indias y, como no, también al actor principal: la guerra y la materializó en la figura del gigante que se alimenta a base de sangre, de infelicidad y de tormentas sin sentido.

Ya han comenzado los fastos para conmemorar el bicentenario de la guerra que introduce a España en la Edad Contemporánea. Una guerra que dejó infinidad de muertos, de campos abandonados, de haciendas arruinadas, de miseria… a cambio de mantener una dinastía que al igual que la Bonaparte, también les llegó de Francia, aunque 100 años antes.

Muchos sitúan el nacimiento de la nación española en esta guerra y en la unión de todos las provincias por expulsar al ejército invasor. Difícil defender esta aseveración cuando a la guerra le sucedió la persecución, no solo de afrancesados, sino también de liberales que habían peleado por expulsar a los franceses. Cuando se abre con el final de la contienda un periodo de “guerras civiles” que tendrá su último y sangriento episodio en el levantamiento de 1936.

Creo que ninguna nación debería erigirse sobre un campo de batalla, ni sobre fosas comunes. Ninguna nación debería estar orgullosa de un himno que alabe la victoria sobre el vecino o la humillación del contrario, pues tratar de aupar el sentimiento patrio en los hombros del coloso tan solo sirve para confirmarle que sus víctimas siguen sin aprender la lección.

apertura del blog

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